
Obra del pintor árabe Majid Arvari
Acaso hombre? Acaso mujer?
No importa, la vida los dejó burlados y sin voluntad.
El viento pasa extraviado por los coladeros de un sótano donde residen los amores que acaban mal, y como la chatarra o tristes trastos se golpean contra el muro de la vida. “Son Los Heridos del Alma”; caminan con los ojos bajos, se cuelan entre los dedos invisibles de un océano indolente. Las alcantarillas de la ciudad circulan por sus corazones y la sonrisa la guardan entre una vena prohibida por la ausencia. Les gusta la noche, quizás porque presenta varias caras, a veces ajada, a veces lozana y otras maquillada para tapar cicatrices. Son amigos del vigilante nocturno que guarda la puerta que un día quedó condenada, destinada a custodiar el vacío y el error. Seres que amaron y sólo se les entregó las migajas que a las horas se les perdía por los rotos de unos bolsillos. Fueron amigos del vértigo, aliados de un sospechoso abismo, -vana poesía de los precipicios-… “átomos enamorados"... Molestan al resplandor perezoso del tiempo, y ahora penan en la pena y penan en el placer de la muerte que brilla como una hoguera de San Juan sobre los arenales del mundo
Acaso hombre? Acaso mujer?
No importa, la vida los dejó burlados y sin voluntad.
El viento pasa extraviado por los coladeros de un sótano donde residen los amores que acaban mal, y como la chatarra o tristes trastos se golpean contra el muro de la vida. “Son Los Heridos del Alma”; caminan con los ojos bajos, se cuelan entre los dedos invisibles de un océano indolente. Las alcantarillas de la ciudad circulan por sus corazones y la sonrisa la guardan entre una vena prohibida por la ausencia. Les gusta la noche, quizás porque presenta varias caras, a veces ajada, a veces lozana y otras maquillada para tapar cicatrices. Son amigos del vigilante nocturno que guarda la puerta que un día quedó condenada, destinada a custodiar el vacío y el error. Seres que amaron y sólo se les entregó las migajas que a las horas se les perdía por los rotos de unos bolsillos. Fueron amigos del vértigo, aliados de un sospechoso abismo, -vana poesía de los precipicios-… “átomos enamorados"... Molestan al resplandor perezoso del tiempo, y ahora penan en la pena y penan en el placer de la muerte que brilla como una hoguera de San Juan sobre los arenales del mundo

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